
Nota realizada por Latinpyme a José María Quirós
Con el crecimiento del negocio fui tomando gente para que me ayudara, pero siento que a fin de cuentas trabajo para mantenerlos. Aunque no tengo tiempo, de tanto en tanto salgo de mi oficina, para darme una vuelta por la empresa y ver como van las cosas pero vuelvo amargado.
Por cada cosa que anda mal o que no se hizo los empleados siempre tienen una explicación! Yo debería vender EXPLICACIONES porque en eso mi gente es un fenómeno: las fabrican a una velocidad de no creer. Parece que el problema siempre es del proveedor, del otro sector, del cliente, de la máquina, del de mantenimiento, de sistemas, de la persona que limpia, de las líneas telefónicas…. Más que el dueño muchas veces siento que soy el mediador, el árbitro: porque juegan para empresas diferentes, cada uno cuida su quinta… ¿y el negocio?: que se las arregle.
Los que saben de gerenciamiento y conducción me dicen que tengo que respetar las jerarquías … pero ya me veo buscando al jefe del área, explicándole el problema y teniéndole que decir que intervenga enseguida. Y qué me va a contestar?: “¡Si: quédese tranquilo! Tranquilo?, si lo dejo sigue en la suya mientras el tiempo pasa y las cosas se ponen peor!!!
Trato de no decir ni ah, pero mientras tanto se me hincha la vena del cuello.
Y eso no es nada, los que saben de esto, de coaching, de liderazgo y de conducción también me aconsejan que escuche, que motive que tenga paciencia ….. si claro … todo fantástico, pero… del negocio ¿¡quien se ocupa!?
¿No será mejor largar todo y empezar de nuevo? Con dos o tres empleados y yo trabajando normalmente (no como ahora) ganaría más plata y, desde ya, me haría mucha menos mala sangre. Pero bajarse de esto, no es fácil, y la verdad es que tampoco sabría como hacerlo.
Con el tiempo vamos sintiendo que la conducción de la gente no solo es un esfuerzo sino que la mayor parte de las veces es una energía perdida porque por mas que les digamos y repitamos las cosas no se hacen, hay que empujarlas, hay que estar encima… Al principio nos transformamos en quejosos permanentes y después, cuando nos damos cuenta de que nuestras quejas son inútiles y nos cansan hasta a nosotros mismos nos resignamos:
pensamos que no se puede delegar y que siempre vamos a tener que estar encima de todo. Lo que pasa es que el organigrama de puestos y funciones que se fue armando con la incorporación de gente no alcanza y tampoco alcanzan los procedimientos que hemos ido inventando como respuesta a cada nuevo problema que nos fue apareciendo. Pero existen soluciones y están mucho más a mano de lo que creemos.
Hay una forma de estructuración, exclusiva para pequeñas y medianas empresas, que funciona de manera extraordinaria porque sin desarmar el organigrama que ya existe, se integra y genera en sí misma que la gente trabaje en equipo y desarrolle criterio de costo beneficio en las decisiones que toma.
Delegar a través de una estructura efectiva significa tiempo y dinero. Vale la pena desarrollar una metodología de delegación que vaya más allá del organigrama porque de esa manera podemos multiplicar el negocio porque las cosas se pueden lograr sin nuestra presencia.
José María Quirós
Consultor y empresario
www.pymevision.com.ar
